Mostrando entradas con la etiqueta secuela. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta secuela. Mostrar todas las entradas

viernes, 13 de abril de 2012

Ira de Titanes



Tras el estreno en 2010 del remake de "Furia de Titanes", llega ahora a la pantalla grande "Ira de Titanes", la secuela de la nueva versión (¡toma originalidad!). Y lo hace con un claro objetivo en mente, o al menos así nos vendieron que era la intención de sus principales responsables: hacernos olvidar a su predecesora, pues prácticamente nadie quedó contento con ella (y más, tras su chapucera conversión al omnipresente 3D en la India). Claro que eso también era lo que pretendían hacer las mentes pensantes (aunque mucho, mucho me da que no pensaban...) detrás de "Ghost Rider. Espíritu de venganza. En fin, comencemos, que la cosa tiene tela para dar y repartir.

"Ira de Titanes" sigue a un Perseo (nuevamente Sam Worthington) que, 10 años después de las aventuras narradas en la anterior entrega, compagina sus tareas como pescador y "padre soltero", tras la muerte de Io (que se nos cuenta de pasada, como para justificar la ausencia en el film de Gemma Arterton). Claro que en esas, y a causa de un plan tramado por el pérfido Hades (Ralph Fiennes, otra vez) y su sobrino Ares (Edgar Ramírez, que le pone nueva cara al Dios de la Guerra, pero que tanto da, pues ya ni nos acordamos de quién lo hacía en la primera película) para liberar a los temibles Titanes, se verá obligado a acudir en ayuda de su padre Zeus (repitiendo Liam Neeson). Argumento innovador, ¿a que sí?

Pasemos a las valoraciones: siendo claro, nos encontramos ante un caso como el de "Ghost Rider", esto es, que tratando de mejorar lo anterior, la han cagado a base de bien... Y es que vale que "Furia de Titanes" no era gran cosa, pero al menos era entretenida, con unos efectos especiales ciertamente notables y un ritmo narrativo que no aburría, dentro de sus grandes carencias, pero es que su secuela es un producto de lo más soporífero, contándonos una historia sumamente parecida a mil cosas que ya hemos visto una y otra vez, claro que eso ya nos lo esperábamos, pero lo hace de la peor forma, "obsequiándonos" con una cinta de esas que parece que no se terminan porque no pasa nada, y cuando sí pasa, pues ya ni nos importa...

Una de las medidas tomadas para tratar de enmendar los errores del fim precedente fue no contar con el realizador galo Louis Leterrier, también firmante de "El increíble Hulk", cuya silla ocupa en este caso Johnathan Liebesman, que últimamente semeja ser una suerte de "realizador de encargo" de esos que gustan tanto a algunos productores, que llegan, ruedan, cobran y se van, sin aportar un ápice de personalidad al resultado finalmente obtenido. En lo tocante al reparto, tenemos al "cacho de carne" Worthington, el cual, como nos tiene acostumbrados, demuestra que no tiene ni idea de actuar, pero como llena la pantalla, pues parece que ya da igual. Luego, tenemos por segunda vez a Liam Neeson y a Ralph Fiennes en uno de esos trabajos que se suele dar en llamar "alimenticios", de cobrar el cheque y poco más (los cuales, seamos sinceros, parecen gustar mucho a Neeson en los últimos tiempos). Del resto del reparto, poco que contar, salvo el curioso hecho de que gran parte de él cambia con respecto a la primera película, pero como son secundarios que poco aportan a la trama, lo mismo da. Eso sí, tenemos a un Bill Nighy ciertamente pasado de rosca...

Resumiendo: "Ira de Titanes" supone una auténtica decepción, ya no en lo tocante a la historia contada, sino al conjunto en sí, pues cuando uno se rasca el bolsillo para pagar la entrada, lo mínimo que se espera de un producto de estas características es que resulte entretenido y no que le haga a uno cabecear...

Como dije al respecto de "Inmortals": "Ira de Titanes" convierte en buena a "Furia de Titanes".

jueves, 1 de marzo de 2012

Ghost Rider. Espíritu de venganza



Tras el estreno en 2007 de "Ghost Rider. El Motorista Fantasma", con la cual prácticamente nadie quedó contento, y saldándose con un relativo fracaso en taquilla (y digo "relativo" porque si ahora estamos hablando de otro film, por algo será, ¿no creen?), poco a poco se empezó a especular con la posibilidad de una nueva cinta, si bien no estaba muy claro si se trataría de una secuela o de un reboot (muy de moda últimamente... en breve, el de Spiderman, cuyas anteriores películas son de antes de ayer, pero bueno...). Es por eso que ahora llega a nosotros "Ghost Rider. Espíritu de venganza", nuevamente protagonizada por Nicolas Cage, que ni patrás consigue salir del hoyo en el que está metido.

"Ghost Rider. Espíritu de venganza" sitúa a Johnny Blaze (Cage) en Europa del Este, tratando de esconderse del mundo en su intento de que el Motorista Fantasma no haga acto de presencia. Pero es entonces cuando un peculiar sacerdote de nombre Moreau (Idris Elba), que, por cierto, se bebe hasta el agua de los floreros, solicita su ayuda para salvar a un chaval de nombre Danny (y, dicen, apellido Ketch, quien en los cómics de Marvel es el segundo Motorista y, algo que se descubre con el tiempo, hermano de Blaze), a quien persigue el mismísimo Diablo, al que ahora llaman Roark, con quien Blaze firmó años atrás el famoso pacto que lo llevó a ser quien es (en este film interpretado por Ciarán Hinds). Y claro, el Motorista aparecerá (de no ser así, no habría película, claro... lo cual casi habría sido mejor, por otra parte).

Dejemos claro desde ya que la cinta que nos ocupa es un auténtico despropósito. Lo más curioso es que los productores, tras el fallido intento de la primera entrega, se plantearon seriamente partir de cero y adoptar una perspectiva diferente en la nueva adaptación del famoso personaje de cómic creado por Gary Friedich y Mike Ploog en 1972, con lo que la cosa parecía tomar forma de reinicio o reboot, para lo cual le dieron la patada a Mark Steven Johnson (también responsable de la fallida adaptación de "Daredevil", de la cual, oh, sorpresa, también se prepara una nueva versión), principal responsable de la primera, y pusieron en su lugar a Mark Neveldine y Brian Taylor (firmantes de las dos entregas de "Crank", así como de "Gamer", ésta notablemenre superior a las primeras). Claro que como protagonista ficharon nuevamente a Nicolas Cage, con lo cual el tema del reinicio quedaba considerablemente en entredicho, viéndose obligados a darle continuidad con la anterior, aunque de forma relativa (y digo esto porque la sensación es bastante extraña, pues a veces parece una secuela al uso, a veces es como que parte de cero... vamos, que lo único que consiguen es generar en el espectador un cacao de los buenos). El tema es que, pretendiendo corregir los errores cometidos, parece que se despistaron y en vez de mejorar con respecto al film de 2007, lo que hicieron fue empeorarlo y tener como resultado una cinta a medio camino entre la comedia, la acción, lo fantástico... y todo ello aderezado con sus escenas a cámara lenta, como manda todo "buen" producto rodado en 3D...

Metiéndonos ya con el reparto, tenemos al frente a un horrendo (como siempre en los últimos tiempos) Cage, que, otra cosa no hará, pero se pasa media película partiéndose la caja a lo pirado..., secundado por un Idris Elba que en ningún momento se toma en serio su personaje, un nefasto Ciarán Hinds (excelente intérprete, pero que aquí gesticula más que si estuviera sufriendo un ataque epiléptico) y un fugaz Christopher Lambert, en un rol más de andar por casa que otra cosa. Y detrás de las cámaras, los realizadores que firman como Neveldine & Taylor, los cuales, seamos sinceros, no tienen ni p... idea de dirigir, pero que se lo pasan bomba en cada cinta que ruedan (y se nota).

En fin, que "Ghost Rider. Espíritu de venganza" convierte a "Ghost Rider. El Motorista Fantasma" casi en una obra maestra de la cinematografía (recalco el "casi"), la cual, por lo menos, y a pesar de ser mala con ganas, resultaba entretenida y ciertamente simpática (pero sin tener tantos detalles cómicos, absurdos e hilarantes como la secuela, para muestra la escena del "lanzallamas", no digo más...).

Y como hago a menudo, termino con un consejo: no vean esta película, no pierdan el tiempo. Me lo agradecerán.

sábado, 25 de febrero de 2012

Viaje al Centro de la Tierra 2. La Isla Misteriosa



En el año 2008, se estrenó en la gran pantalla "Viaje al Centro de la Tierra", una nueva y considerablemente modesta adaptación de la novela del genial Julio Verne del mismo título, que para bastante ha dado en el mundo del cine y de la televisión, habiendo sido puesta en imágenes un buen puñado de veces. En este caso, la adaptación corría a cargo del desconocido Eric Brevig y estaba protagonizada por un Brendan Fraser cuya carrera no era (y sigue sin ser) la de antaño, siendo sus pretensiones más bien escasas, suponiendo una de esas cintas que se hacen de vez en cuando con el simple objetivo de entretener pero que en modo alguno aspira a encaramarse a lo más alto de la taquilla. Sin embargo, y a pesar de que no se pueda decir que batiera récords, sí que funcionó notablemente bien, me atrevería a afirmar que mucho mejor de lo que sus productores se pensaban en un inicio. Y es por ello que ahora llega a nosotros "Viaje al Centro de la Tierra 2. La Isla Misteriosa", una pseudo-secuela que no hace sino adaptar otra de las novelas de Verne como es "La Isla Misteriosa", eso sí, de una forma bastante libre (como ya hacía la primera entrega con "Viaje al Centro de la Tierra", por otra parte).

El film nos cuenta la historia de Sean Anderson (Josh Hutcherson, el único que repite de la primera película, suponiendo casi, casi el único nexo de unión, de ahí que en la introducción me refiriera a la cinta como "pseudo-secuela"), quien, acompañado de su padrastro (Dwayne Johnson, el artista antes conocido como "The Rock"), emprende un viaje en busca de la llamada "Isla Misteriosa" de la novela de Verne. En ello, se enfrentarán a numerosos peligros y vivirán grandes aventuras, al mismo tiempo que Sean se reencuentra con su perdido abuelo paterno (un perdidísimo Michael Caine).

Como relataba en el primer párrafo de esta reseña, la cinta que nos ocupa es sustancialmente más ambiciosa que su predecesora, y eso se nota en varios factores. En primer lugar, su reparto viene encabezado por un actor en alza y de notable éxito como es Dwayne Johnson, y no por una ex-estrella en decadencia como Fraser, a la par de poder jactarse de tener en su plantel al gran Michael Caine (ojo, que sea grande no complica que su actuación sea buena en todas y cada una de las películas que hace). Al mismo tiempo, se nota el aumento de presupuesto, pues los efectos visuales son notablemente superiores (y en tal aspecto, todos sabemos que, en la inmensa mayoría de los casos, la pasta manda...). Detrás de las cámaras tenemos a Brad Peyton, quien en su curriculum ostenta el "honor" de haber sido el responsable detrás de "Como perros y gatos. La venganza de Kitty Galore" y que, sin ser necesariamente un mal realizador, apunta maneras de convertirse en uno de esos directores "de encargo", que se limitan a coger la cámara y rodar de una forma rutinaria aquello que se les encomienda, pero sin aportar absolutamente nada al resultado final. En lo tocante al reparto, nada destacable, salvo quizá el hecho de que Caine, como mencionaba, está más perdido que un pulpo en un garaje, demostrando que, ni más ni menos, está en la cinta única y exclusivamente porque el cheque ofrecido a cambio era más que interesante. Y luego tenemos a Johnson, quien, si bien no puedo dejar de reconocer que es mejor actor que otros "intérpretes" venidos del mundo del wrestling, está más bien limitado en lo que a la actuación se refiere (y él es consciente de ello).

En resumen, "Viaje al Centro de la Tierra 2. La Isla Misteriosa" es entretenida, y punto. No podemos pretender que nos ofrezca nada más. Como tampoco podemos pretender una adaptación fiel de la novela de Verne. Y si usted, fiel espectador, se considera un admirador purista de la literatura verniana, bajo ningún concepto vaya a ver la cinta que nos traemos entre manos.

No quisiera terminar sin expresar algo: MALDITAS ESCENAS A CÁMARA LENTA, ¡MALDITO 3D! Así, en mayúsculas...

lunes, 30 de enero de 2012

Underworld. El despertar



Fruto de la sequía de ideas que asola el mundo del cine desde hace ya bastante tiempo (demasiado, diría yo...), llega hasta nosotros "Underworld. El despertar", segunda secuela (y digo segunda porque "Underworld. La rebelión de los licántropos" es una precuela y no propiamente una secuela), del film de éxito estrenado en 2003 y dirigido por el ascendente Len Wiseman, también firmante de "Underworld. Evolution" y que en este caso cede las riendas a los desconocidos Mans Marlind y Björn Stein, aunque permanece en sus labores de productor y guionista.

"Underworld. El despertar" enlaza directamente con el final de "Underworld. Evolution" (al igual que ésta lo hacía con la conclusión de "Underworld"), y ello para contarnos la "purga" que los humanos están llevando a cabo sobre las razas vampírica y licantrópica, de la que no se salva casi nadie, ni siquiera la propia Selene, la cual es atrapada, al tiempo que su amado Michael Corvin resulta muerto, y todo para despertarse (de ahí el título de la cinta) 12 años después en un laboratorio más perdida que un pulpo en un garaje, momento en el cual el mundo ha cambiado considerablemente, pues los vampiros han pasado de ser la raza que gobernaba en la sombra a simplemente permanecer en la sombra para esconderse de los humanos, mientras que los licántropos son una raza en peligro de extinción. Además, cuál no será su sorpresa al enterarse de que tiene una hija que ha heredado la naturaleza híbrida de su difunto padre...

A la vista del argumento, nos encontramos con el dato novedoso de que en esta película la raza humana pasa a ostentar un papel sustancialmente más importante que en las anteriores entregas, en las cuales era poco más que el alimento de las razas  protagonistas. Del resto, pues la verdad es que nada nuevo bajo el sol, ya que nos encontramos ante una cinta que repite la estética de las anteriores, y que tan buen resultado le dio, por otra parte...

Al frente del reparto nos encontramos, una vez más, a la flamante esposa del principal responsable de la saga (Wiseman) , la actriz inglesa Kate Beckinsale, en uno de los papeles que más alegrías le ha dado en toda su carrera; claro que, por otro lado, y en contraposición, hemos de reconocer que la saga funciona cuando la tiene a ella de protagonista (la precuela fue un fracaso, a pesar de contar en su reparto con los geniales Michael Sheen y Bill Nighy pasándoselo en grande). Entre los demás intérpretes, podríamos resaltar la labor llevada a cabo por Stephen Rea, pero no para bien, pues el gran actor irlandés en absoluto se toma su papel en serio y resulta ciertamente sobreactuado. Ya en lo tocante a la dirección, los realizadores, que firman como Marlind & Stein, se limitan a imitar el estilo y la forma en que Wiseman rodó las anteriores.

Entendámonos: "Underworld. El despertar" es un film única y exclusivamente orientado a fans de la saga, a aquellos que disfrutaron con las anteriores entregas (incluso con la precuela, que no hacía sino contarnos una historia de sobra conocida por todos...), porque no aporta nada nuevo, siendo uno de esos productos de rápida consumición y aún más rápida digestión. 

lunes, 9 de enero de 2012

Sherlock Holmes. Juego de sombras



Es de sobra conocido ese dicho que reza "Segundas partes nunca fueron buenas". Pues bien, a pesar de que un servidor no se siente capaz de proclamar la falsedad de tamaña afirmación, sí me atrevo a decir que hay segundas partes (y terceras, ya puestos...) que consiguen mantener el tipo frente a la cinta predecesora, sin desmerecer los logros alcanzados por aquélla. "Sherlock Holmes. Juego de sombras" entra dentro de esas secuelas que siguen la senda marcada por el film original sin hacernos renegar de la ya saga o blasfemar haciendo que a todos y cada uno de sus responsables les piten los oídos. Ahora bien, no puedo dejar de reconocer que algo sí que se ha perdido, y por ello esta segunda entrega es un, pongamos, 0,5% inferior a la película estrenada hace dos años, que no es otra cosa que ese llamémoslo toque especial dado al personaje creado por Sir Arthur Conan Doyle, que en esta sigue presente, pero claro, ya nos lo esperábamos...

"Sherlock Holmes. Juego se sombras" prosigue las aventuras del detective cuyo nombre da título a las dos cintas (Robert Downey, Jr.) y de su fiel e inseparable compañero, el Dr. John Watson (Jude Law), esta vez enfrentados al más acérrimo enemigo de Holmes, el malvado Profesor James Moriarty (Jared Harris). Y en ello se nos ofrece una ágil combinación de acción, aventuras, algo de intriga y una considerable dosis de humor, a cargo fundamentalmente de su intérprete protagonista.

Seamos francos: esta segunda entrega gustará a quienes gustó su predecesora, de la misma manera que horrorizará a quien horrorizó la primera entrega, ni más ni menos, así de simple. Y es que, como les comentaba al inicio de esta reseña, "Sherlock Holmes. Juego de sombras" sigue la línea dibujada por "Sherlock Holmes", sin más complicaciones (ni novedades, todo sea dicho de paso). Así pues, basta con haber visto la primera, y en función de la impresión causada, tomar la decisión de rascarse el bolsillo y pagar el precio de la entrada para ver el film que nos ocupa.

Tengo la mente dividida (o más bien el corazón): considero a Robert Downey, Jr. un genio, de esos que, al igual que el gran Johnny Depp, pueden lograr que con ellos y una cámara fija grabándoles se haga una película, sin más ornamentos, si bien no dejo de reconocer que en esta nueva entrega de las aventuras del detective privado más famoso de todos los tiempos, se halla notablemente sobreactuado... El resto de los intérpretes están correctos, quizá con la salvedad de Jared Harris, que logra construir un Moriarty de lo más amenazante, ya no por histriónico (¡gracias!), sino por contenido y sutil, demostrando que es un gran actor y no sólo el hijo de su padre. Detrás de las cámaras volvemos a tener al genial Guy Ritchie, un hombre que con "Snatch" firmó una obra maestra, por lo que siempre contará con el respeto y la admiración de quien esto suscribe, que pasó una "etapa oscura" durante el tiempo que duró su matrimonio con Madonna, pero que ahora está consiguiendo salir del agujero al que la cantante y pseudo-actriz lo había tirado.

En resumen, "Sherlock Holmes. Juego de sombras" da lo que promete. Y lo que promete es lo mismo que daba "Sherlock Holmes". Si han visto ésta, ya sabrán lo que se van a encontrar, y si no, pues les recomiendo que lo hagan, y a posteriori, decidan qué hacer con respecto a la segunda, pues no tiene mucho sentido empezar la casa por el tejado, ¿no creen?

sábado, 17 de diciembre de 2011

Misión: Imposible. Protocolo fantasma



Tom Cruise anda necesitado de un éxito de taquilla de una forma notablemente urgente. Y se nota. De ahí que haya decidido embarcarse, como productor y protagonista, en otra aventura del agente Ethan Hunt en esta nueva entrega de la saga "Misión: Imposible", iniciada, con la inestimable ayuda del gran Brian DePalma, en el ya lejano 1996. Y para ello se ha rodeado de un equipo técnico de lo más interesante: J.J. Abrams, realizador de la tercera entrega, todo sea dicho de paso, en tareas de producción (a través de su compañía Bad Robot), y Brad Bird, director hasta ahora únicamente de cintas animadas (como la excelente "Los Increíbles"), y para el cual el film que nos ocupa supone su prueba de fuego, pues decidirá, probablemente, si conseguirá dar el salto al cine en imagen real.

En "Misión: Imposible. Protocolo fantasma", el agente Hunt se ve inmerso en una nueva y complicada misión, si bien esta vez lo hace sin autorización de ningún tipo, pues tanto él como su equipo han sido culpados de la reciente destrucción del Kremlin, con la consiguiente desactivación de la FMI, el organismo gubernamental para el que trabajan, y cuyo nombre han de limpiar. El resto: grandes escenarios, persecuciones, escenas de acción vertiginosas... Vamos, toda una serie de ingredientes a los que ya estamos habituados en una producción de estas características, y más tratándose ya de la tercera secuela de la saga.

Seamos francos: la cinta que nos ocupa no nos depara ningún tipo de sorpresa, pues se limita a repetir esquemas, situaciones y, si nos apuramos un poco, casi hasta guión. Pero bueno, no debemos perder de vista que nos encontramos ante la cuarta entrega de una saga, con lo que la frescura y la tan escasa últimamente originalidad hace tiempo que se quedaron por el camino, sólo pudiendo esperar de una producción de estas características que resulte entretenida, que nos haga pasar el rato de una forma más o menos agradable. Ni más ni menos. Esperar algo distinto sería de ilusos...

"Misión: Imposible. Protocolo fantasma" supone un vehículo para lucimiento de su protagonista, Tom Cruise, quien, como mencionaba al principio, necesita un éxito de taquilla inmediatamente, pues en el plazo de los últimos años no ha acertado mucho en lo que a la taquilla se refiere, de ahí que haya decidido ir a lo seguro, por así decir, resucitando a un personaje que le ha dado grandes satisfacciones (y luego dicen que Stallone es tonto...). No obstante, no es un papel con el que el protagonista de "Top Gun" pueda lucirse interpretativamente (ni lo pretende, por otro lado). El resto del reparto, son meras comparsas (quizá con la excepción de Jeremy Renner, el nuevo actor de moda en Hollywood, como atestiguan sus participaciones en "Los Vengadores" y en "The Bourne Legacy", una especie de spin-off de la saga protagonizada por Matt Damon). Ya en lo referente a la parte que no se ve, aquella que se encuentra detrás de las cámaras, Brad Bird desempeña su tarea con eficacia, si bien no brilla en exceso, de ahí que quien esto suscribe no termine de ver del todo claro su futuro en el cine en imagen real (al menos, como autor de carácter y no como simple mandado que filma y se va...), mientras que el genial J.J. Abrams se limita a poner el dinero, como productor que es, y punto.

En fin, que la película es, ni más ni menos, lo que parece. No engaña, ni intenta hacerlo. Es consciente de sus defectos y virtudes, o más bien Cruise sabe qué puede hacer y lo que no, pues ya es perro viejo en la franquicia. Teniendo todo esto claro, no hay problema, y puede que consigan pasar un rato agradable y disfrutar de las nuevas aventuras de Hunt y su equipo.

No quisiera terminar sin hacer mención a algo: es notablemente fácil llevar a buen puerto misiones que a priori parecen imposibles cuando puedes contar con todo tipo de instrumentos y aparatos que a los guionistas les resulta muy fácil "inventar", sin siquiera estrujarse un poco los sesos para tratar de hacerlo mínimamente real, como pueden ser guantes que se pegan a las paredes o extraños aparatos que, misteriosamente, encajan a la perfección sobre los letreros indicadores de los números de habitación de un hotel y los cambian sin dejar ningún tipo de rastro de la modificación... ¿No creen?

martes, 26 de julio de 2011

Transformers. El lado oscuro de la Luna



Van tres, ni más ni menos que tres entregas de la saga dirigida por Michael Bay y producida por Steven Spielberg basada en la línea de figuras de acción creada por la compañía juguetera (ahora ya algo más, gracias a la franquicia que nos ocupa) Hasbro. Y a estas alturas, considero que ya no habrá nadie que no sepa de qué pie cojean estos films o qué se va a encontrar en la gran pantalla. Porque, no nos engañemos, lo que nos ofrece "Transformers. El lado oscuro de la Luna" es más de lo mismo, simple y llanamente; eso sí, empaquetado en un envoltorio de efectos especiales de impecable factura, a cargo de la siempre excelente Industrial Light & Magic.

La historia de la película no hace más que seguir lo ya planteado en la primera entrega: la eterna lucha entre Autobots y Decepticons iniciada en su planeta, Cybertron, y que continúa, una vez destruído éste, en la Tierra, con sus respectivos aliados humanos. Y nada más, pues el argumento no supone más que una excusa para poner en pantalla un batallón de impresionantes efectos digitales, acción a raudales y explosiones por doquier.

Ahora bien, pese a lo endeble de su planteamiento argumental, esta tercera entrega supone un entretenimiento de primera categoría (al igual que fue la primera parte, pero no la segunda, que fracasaba estrepitosamente...). Y es en este punto donde Bay se erige en un auténtico artesano, por más que a muchos les pese y se rasguen las vestiduras cada vez que este realizador obtiene las alabanzas de alguien, que sabe al 99% qué es lo que tiene que ofrecer a su público para que acudan en masa a los cines (aunque con la segunda patinara en su tarea, insisto). Y si a este buen hombre le sumamos el talento para los negocios cinematográficos de Steven Spielberg, no en vano apodado el Rey Midas de Hollywood, pues tenemos la combinación perfecta a la hora de obtener un producto de entretenimiento puro y duro.

En lo referente al reparto, tenemos al siempre eficaz pero no espectacular Shia LaBeouf, quien desempeña su papel con la indiferencia que le otorga saber a la perfección dónde se ha metido, y más siendo la segunda secuela ya... Lo mismo vale para Josh Duhamel y Tyrese Gibson, quienes, ya de por sí, no son grandes intérpretes, que digamos. Sí que tenemos en la cinta a tres actores de carácter, como son John Turturro, ya presente en las dos anteriores, e igual de desfasado, y a los "nuevos" John Malkovich, quien no está pasado de rosca, sino pasadísimo, y Frances McDormand, en un trabajo puramente alimenticio y desempeñado única y exclusivamente con el objetivo en mente de coger el cheque y salir corriendo... Mención aparte merece la modelo Rosie Huntington-Whiteley, la nueva "chica-florero" que ha venido para sustituir a la insoportable Megan Fox, después de que ésta hiciera unas declaraciones comprando a Bay con Hitler, tras lo cual Spielberg la mandó a engrosar la listas del paro; pues bien, la mencionada Huntington-Whiteley no hace otra cosa que lo que hacía su predecesora, que no es otra cosa que adornar (con todos mis respetos, ojo), pues sus habilidades interpretativas son nulas, claro que tampoco importa.

Para terminar, lo que ya les he dicho en más de una ocasión: es fundamental saber dónde se meten y lo que van a ver. Partiendo de esa base, todo irá bien y disfrutarán del espectáculo. Y si no, que Dios los pille confesados, que se suele decir...

martes, 21 de junio de 2011

X-Men. Primera generación



A todas luces ha venido quedando patente la tremenda crisis de ideas que, lamentablemente desde hace ya unos cuantos años, atenaza al mundo del cine, y sobre todo al venido de Hollywood, de ahí que continuamente nos bombardeen con numerosos remakes y secuelas, como ya comentaba en un post anterior. Pues bien, "X-Men. Primera generación" no es sino un nuevo ejemplo, en este caso una precuela, puesto que nos cuenta hechos acaecidos años antes de la trilogía X-Men original. No obstante, ¿supone lo expuesto que nos hallemos ante un mal producto? Ni mucho menos...

"X-Men. Primera generación" nos cuenta los orígenes de lo que más tarde se conocerá como los X-Men (o Patrulla X), con el nacimiento de la amistad y posterior enfrentamiento entre Charles Xavier (futuro Profesor X) y Erik Lensherr (futuro Magneto), todo ello en plena Guerra Fría, y con la crisis de los misiles de Cuba por el medio. En ese aspecto, bueno, sabemos cómo acabará la cosa, en qué bando militará cada uno de sus protagonistas y en qué estado, pero eso, para bien o para mal, es el riesgo de las precuelas (¿o acaso no sabíamos que Annakin Skywalker acabaría convirtiéndose en Darth Vader o el destino que correría Sonja, la maltrecha hija de Viktor, en "Underworld. La rebelión de los licántropos?).

Pasemos ahora al personal encargado de llevar a buen puerto el film que nos ocupa, tanto delante como detrás de las cámaras. En lo tocante a su reparto, no cabe hacer grandes comentarios, más allá de que es bastante correcto, sin que nadie destaque demasiado por encima de los demás, con la salvedad, si cabe, de Michael Fassbender, quien, si bien ha venido labrándose una carrera en el mundo del cine desde hace unos años, quizá ahora consiga dar el gran salto. Más interesante es la gente que no vemos, por así decirlo: en primer lugar, tenemos a Matthew Vaughn, su director, a quien la Fox ya había tentado para dirigir la tercera entrega de la trilogía original (para acabar dejándola en manos del gañán Brett Ratner...) y que con sus anteriores trabajos, "Layer Cake" y, sobre todo, "Kick-Ass", ha venido demostrando que es un realizador con mucho que decir, cuya carrera está como quien dice empezando pero que no se quedará ahí y llegará lejos; y en segundo lugar, tenemos al bueno de Bryan Singer, autor de la historia y realizador de "X-Men" y "X-Men 2" (quien, presumiblemente, iba a encargarse también de la tercera, pero firmó para hacer "Superman Returns" con Warner, la Fox se cabreó, lo echó a la calle, adelantó el rodaje y contrató a... Brett Ratner), y que en el film que nos ocupa se ha encargado de la historia, así como de realizar labores de productor, lo que parece indicar que se ha reconciliado con los directivos de la Fox (ya verán, ya, como, antes o después, acaba dirigiendo otra cinta de X-Men o algún derivado, fíense de mí...).

Pues bien, "X-Men. Primera generación" es un film de lo más entrenido y excelentemente rodado, si bien, no nos engañemos, no es un dechado de originalidad ni la mejor de la saga, aunque sí la tercera mejor, para quien esto suscribe, por detrás de la magistral "X-Men 2" y de "X-Men" (les reto ahora a que decidan cuál es la peor de la saga en el tiempo que yo digo "Brett Ratner es un incompetente"...).

Ahora sólo nos queda esperar a que sigan rodando más y más películas ambientadas en el mundo mutante, porque, a fin de cuentas, material hay de sobra en los infinitos cómics basados en el original creado por Stan Lee y Jack Kirby hace ya unos cuantos añitos, y derivados de él. Lo próximo, supongo, será "The Wolverine", secuela de la irregular "X-Men. Orígenes: Lobezno", que, parece, se halla en dique seco tras la partida del que iba a ser su director, Darren Aronofsky; aunque, como la cosa siga así, porque no hay muchas trazas de que cambie a corto plazo, intuyo que antes llegará a la pantalla grande "X-Men. Segunda generación", o algo del estilo.

domingo, 12 de junio de 2011

Piratas del Caribe. En mareas misteriosas



Vamos a ver... ¿A día de hoy hay alguien, aunque sólo sea un habitante de la aldea más remota, que no conozca a Jack Sparrow... perdón... al Capitán Jack Sparrow? Estoy seguro de que alguien habrá, pero muy pocos, pues lo que Disney, Jerry Bruckheimer, Gore Verbinsky y Johnny Depp consiguieron en el año 2003 con "Piratas del Caribe. La maldición de la Perla Negra" fue no sólo crear un excelente film de acción y aventuras con una considerable ración de humor, sino, más importante aún, crear un personaje, el mencionado Sparrow, que se ha quedado grabado a fuego en nuestras retinas y que ya nunca nos abandonará, ansiando que nos obsequien una y otra vez con más y más de sus aventuras (¿o más bien deberíamos decir locuras?). Pues bien, en respuesta a ese ansia, aquí tenemos "Piratas del Caribe. En mareas misteriosas", ya la cuarta entrega de la saga.

Tras el basto proyecto que supuso rodar "Piratas del Caribe. El cofre del hombre muerto" y "Piratas del Caribe. En el fin del mundo", segunda y tercera entregas de la saga, pero en el fondo una película partida en dos, con un argumento ciertamente enrevesado y plagado de personajes, a la hora de afrontar el rodaje de la entrega que nos ocupa, la cuarta, los directivos de Disney y el todopoderoso Bruckheimer decidieron volver, en cierto modo, a los orígenes, tratando de conseguir un libreto mucho más sencillo y a la par mucho más barato de rodar. Tanteado Verbinsky para ocupar la silla del director, éste dijo que se hallaba exhausto del anterior rodaje y que no estaba interesado, al menos de momento, en vincularse al proyecto, de ahí que apareciera en escena Rob Marshall, director de "Chicago" y "Memorias de una geisha", entre otras, el cual, si bien es un realizador correcto y ciertamente notable, carece de la maestría de Verbinsky, ya todo un experto tras haber rodado las tres anteriores.

No obstante lo expuesto, la cinta que nos ocupa supone un excelente producto con el que disfrutar como niños, porque, no nos engañemos, la saga "Piratas del Caribe" es Johnny Depp, y mientras él esté, ello supone diversión asegurada, y el resto, en mayor o menor medida, es secundario. Ahora bien, mención especial merece Geoffrey Rush, quien, una vez más, encarna al Capitán Barbossa, y como es habitual en este intérprete, lo hace con una maestría envidiable, si bien es cierto que no deja de estar a la sombra de Depp, protagonista absoluto. El resto del reparto, bastante correcto pero casi, casi prescindible, pues, seamos sinceros, pongan a quienes pongan, se verán eclipsados por Depp y, en menor medida, por Rush (como ya ocurría en las entregas anteriores con Orlando Bloom y Keira Knighley... ¿algiuien los echa de menos?).

En resumen, esta cuarta entrega nos ofrece más de lo mismo, esto es, Sparrow en estado puro, acompañado, eso sí, de unos impecables efectos especiales, aunque menos vistosos que en las anteriores, a cargo de la siempre excelente (y cara) Industrial Light & Magic. Si les han gustado las películas anteriores, la que nos ocupa no les decepcionará, eso seguro. No obstante, el encanto de la primera, y sobre todo la sorpresa al descubrir el tremendo personaje que ha contruído Depp, lamentablemente ya no se repetirá nunca más...

miércoles, 18 de mayo de 2011

Fast and Furious 5



Antes de nada, permítanme una pequeña observación: cuestión fundamental a la hora de acudir a la sala de cine más cercana para dedicar un par de horas al visionado de una cinta es tener una cierta idea, más o menos aproximada, de lo que nos vamos a encontrar. Vale, admito que muchas veces el hecho de ir "virgen", digámoslo así, a ver una película, puede tener multitud de ventajas, al no habernos hecho una idea preconcebida de lo que nos van a ofrecer (y que muchas veces supera con creces al resultado finalmente ofrecido, lo que se traduce en decepción). En el caso de las secuelas, saber lo que vamos a ver es fundamental, a fin de cuentas es muy raro que dentro de una saga haya sustanciales diferencias respecto de unas entregas y otras; sobra decir que si no hemos disfrutado con las anteriores entregas, raro será que lo hagamos con la nueva, ¿o no?

Lo dicho en el párrafo anterior es plenamente aplicable al film que nos ocupa, "Fast and Furious 5", quinta entrega de la saga. ¿Hay alguien a estas alturas que no sepa de qué va? Lo haya o no, está claro que aquellos espectadores que acudan al cine para ver esta cuarta secuela del éxito cinematográfico protagonizado por Vin Diesel y Paul Walker en el año 2001 y al que en España se añadió el titulo de "A todo gas", saben lo que van a ver, son plenamente conscientes de ello, por lo cual lo ofrecido podrá entusiasmarles más o menos, pero nunca, bajo ningún concepto, causarles una grande y profunda decepción. Y es que este film nos da más de lo mismo: coches rápidos y tuneados, acción exagerada y de todo modo imposible, "actores" guapos, "actrices" guapas... vamos, todo lo que nos daban las anteriores.

Partiendo de lo expuesto, no puedo menos que reconocer que la quinta parte de la saga es la mejor de todas las secuelas, sólo siendo superada por la original, que para eso era la primera vez que se nos ofrecía un espectáculo de estas características. Ahora bien, admitámoslo: no tiene un buen director tras las cámaras, no tiene buenos intérpretes frente a ellas, no tiene un guión trabajado con una buena historia, si bien, como contrapartida, tiene acción a raudales, aceptablemente bien rodada, tiene ciertos toques de humor, sobre todo ofrecidos por la pareja formada por Don Omar y Tego Calderón, y los efectos especiales, a pesar de apoyar acciones físicamente imposibles, son más que notables. Obviamente, no nos encontramos antes una película "de Oscar", pero sí ante una que nos hará pasar un rato de lo más entretenido (e intrascendente, claro está), siempre partiendo de la base, como decía al principio, de que sabemos lo que vamos a ver porque conocemos las anteriores y sabemos de qué pie cojean.

Y poco más hay que decir, creo que con sólo ver el tráiler promocional ya podemos hacernos una idea de lo que se nos va a contar en pantalla. Y quien vaya al cine a verla esperando encontrarse algo distinto... en fin, anda más perdido que un pulpo en un garaje, porque a estas alturas, y después de cinco entregas, deberíamos dejar ya de pedirle peras al olmo...

Para poner fin a esta reseña, apuntar que "Fast and Furious 5" se apunta a esa moda más o menos reciente de reservarnos una pequeña sorpresa en forma de escena final después de los créditos (en este caso, no al final de todo, pero vamos, que hay que ser pacientes y no salir corriendo en cuando la pantalla se vuelve negra), en la que se deja la historia más que abierta para una sexta entrega, la cual, o mucho me equivoco, o no tardará en empezar a rodarse.

martes, 12 de abril de 2011

Secuelas, precuelas, remakes y revisiones varias

        


Recientemente se han estrenado “Torrente 4”, tercera secuela de la ya demasiado larga franquicia creada por Santiago Segura (y continuará, no nos quepa duda alguna…) y “Piraña 3D”, remake o revisión del cuasi clásico firmado por Joe Dante en 1978; en breve se estrenarán “Scream 4”, también tercera secuela de la ya extinta franquicia creada hace ya unos cuantos años por el maestro del terror Wes Craven y Kevin Williamson (recalco lo de extinta, aunque estos dos aún no se hayan dado cuenta…) y “Águila Roja, la película”, basada en la exitosa serie de TV de Daniel Écija; y un futuro no demasiado lejano nos depara “Sherlock Holmes 2”, “Resacón 2”, “X-Men: First class”, “Los Tres Mosqueteros 3D”, “La saga Crepúsculo: Amanecer”…


Bueno, creo que se ha entendido perfectamente dónde quiero ir a parar. El caso es que es de sobra conocida la tremenda falta de originalidad que atenaza o amenaza, elijan ustedes, al mundo del cine desde hace ya demasiado tiempo. Ahora bien, la pregunta que me viene a la mente en este punto es la siguiente, así de clara y directa: ¿Por qué? He aquí que se me ocurren dos teorías, ambas hipótesis y ninguna confirmada ni demostrada, no se vayan a pensar: 1) Las Musas han muerto o se han pillado unas vacaciones indefinidas, por lo que ya no surgen ideas nuevas en las mentes de los guionistas, quienes se limitan a copiar lo ya existente, ya sea repitiendo esquemas hasta la saciedad en numerosas secuelas y precuelas (para los más inexpertos, aquellas secuelas que narran hechos anteriores a la película original) o directamente calcando el material de partida en sucesivos remakes o plagios legales, como dice un amigo mío (en algunos casos, la copia es escandalosamente fiel, por decirlo de alguna forma, ejem, suave…), y 2) Los productores tienen miedo, pánico, pavor, terror incluso, de apostar por historias nuevas, originales, innovadoras, que nos cuenten algo nunca visto y que ello suponga un fracaso comercial, por lo que van “a lo seguro”, sólo depositando su confianza y su dinero en aquellos proyectos que tienen una certeza casi absoluta de que van a triunfar en taquilla (porque si la primera película fue un éxito, ¿por qué no lo va a ser la segunda o su remake?).


Entiéndanme, hay casos en que algunas de esas secuelas, precuelas o remakes superan al original, si bien es cierto que ello no es habitual. Pero no es esto lo que pretendo resaltar aquí, sino, como decía, la falta de originalidad presente en el cine contemporáneo. Y si bien es cierto que se trata de un fenómeno más o menos generalizado, la palma se la lleva Hollywood, pues la industria cinematográfica americana no hace más que producir (en algunos casos, más apropiado sería decir “vomitar”, o algo peor que no mencionaré aquí…) una y otra vez lo mismo: las mismas historias que nos cuentan lo que hemos visto una y mil veces, las nuevas vicisitudes que viven los protagonistas del fenómeno taquillero del verano pasado, las mismas circunstancias experimentadas por unos determinados personajes, pero con la cara de otros actores (si pueden ser más jóvenes y guapos que los anteriores, aunque su talento interpretativo sea nulo, mejor que mejor), y así una larga lista.


¡Ah! Y no nos olvidemos aquí de aquellos guiones cuyas mentes creadoras se jactan de que son originales pero que nos relatan argumentos y situaciones vividas por una serie de personajes que de sobra conocemos (tanto los argumentos, como las situaciones, como los personajes). Y si no me creen, vayan a ver “Invasión a la Tierra” y luego lean la crítica publicada el día 4 de abril, a ver si me dan o no la razón.


Pero no podría dar por zanjado el tema sin antes romper una lanza en favor de aquellos artesanos que se han ganado semejante apelativo obsequiándonos con sus obras en mayor o menor medida rompedoras, emocionantes, fascinantes y, sobre todo, originales. Me refiero a Christopher Nolan y su “Origen”, a Zack Snyder y su “Sucker Punch”, a J.J. Abrams y la mayoría de los proyectos en los que se inmiscuye (incluyendo su versión de “Star Trek”, una de las mejores revisiones de la historia del cine, si se me permite la observación) y, por último, pero no por ello menos importante, a todos aquellos guionistas y directores noveles que con sus proyectos innovadores tratan de abrirse camino en ese mundo a menudo tan poco agradecido que es el cine (bravo por ellos).